jueves, 28 de febrero de 2013

Desde..."Tiempo de curar"

AYER / YESTERDAY

Ayer estuvimos juntos. Paseamos, hablamos (hablé) mucho. Oí su silencio como antaño y su sonrisa escondida y el juego de esa voz oscura y suave, como el terciopelo.

¡Qué guapo estaba! Ya no somos los mismos, pero sigue siendo él.

Hay nieve en su pelo, negro como el azabache. Y sus ojos de miel y desierto siguen brillando de una forma maravillosa.

Venía con su niña en brazos y una cara de suficiencia enorme. Algo de torpeza y un poco de vergüenza.

Venía tan guapo. Le gusta ir guapo. Siempre. Esa americana, ese vaquero, ese pecho enorme como un sueño esperado. Lo ha hecho para gustar, para gustarme a mí. Sonrío. Porque lo ha conseguido.

Siempre lo ha logrado conmigo.

Y charlamos de la vida que tenemos, tan opuesta a la que una vez compartimos. Y me oye, porque hablo por los codos y la boca y las manos, y se ríe como antaño, cuando no paraba y él callaba, complacido y juicioso. Mucho admiro su sentido común.

Es él. Siempre ha sido él. Hasta que muera será él. Aunque no estemos juntos y nuestras vidas sean diametralmente opuestas.

Es él. Y ayer lo vi. Y estuvimos juntos por un rato que se hizo eterno. Como antes estábamos, tiempo atrás, según mis recuerdos. Y también los suyos.

Porque somos como un par de zapatillas cómodas y suaves: nos amoldamos uno al otro con una facilidad divina. Y esa química sigue intacta, y esa física ya acabada, y juntos conseguimos descubrir lo que no hemos conseguido y lo que nos ocurre en el presente, tan lejos y tan diferente de lo que una vez pensamos.

Es él. Ayer lo supe. O lo recordé. Porque lo había olvidado.

Hasta que me muera lo será. Él.

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